Plaza de la Marina

La Plaza de la Marina y la Farola


Siglo XX

Durante la dictadura de Primo de Rivera, Zamora sobrepasa ya las 20.000 almas e irá creciendo fuera del viejo recinto amurallado en dirección este, donde se cruzan las carreteras nacionales de Madrid-Vigo y Sevilla-Gijón. En 9126 se firma la concesión para el aprovechamiento hidroeléctrico de los Saltos del Duero y en 1927 se adjudica la línea férrea de Zamora a Galicia. En los alrededores de lo que hoy es la Plaza de la Marina, en dirección hacia la carretera de Tordesillas, se habían elevado edificios tan singulares como el Instituto de Enseñanza Secundaria Claudio Moyano y el Cuartel. Igualmente señero es el edificio de viviendas de B. Pinilla, proyectado por Antonio García Sánchez-Blanco en 1927, con fachada ecléctica de pilastras que remontan sus tres plantas y torre achaflanada con remate de cúpula bulbosa, acogiendo sus bajos la extinta EAJ 62 Radio Zamora, emisora pionera de la ciudad. La Farola, escultura frontera data de inicios de la década de 1980 y es obra de Luis Coomonte. La Farola era el nombre que antaño recibía el cruce de carreteras nacionales.

La Plaza de la Marina es la zona verde con mayor extensión del centro de la ciudad y se trazó en la década de 1970, en la zona por donde cruzaba el antiguo Paseo de la Glorieta, más tarde Paseo de Requejo, y se alzaba una fábrica y una finca de recreo. Otras construcciones significativas que se alzaron en las proximidades de la actual Plaza de la Marina fueron las viviendas Andreu, en la esquina entre Santa Clara y la Avenida de Portugal, proyectadas por Gregorio Pérez Arribas en 1928, los edificios de viviendas y bajos comerciales de Cándido Calvo, Francisco Herrero y José Barrueco, Avenida de Portugal, nº 4 – 8, proyectados por Gregorio Pérez Arribas y Antonio García Sánchez-Blanco y el edificio de la Peña, Avenida del Príncipe de Asturias, nº 11,, encargado por el indiano José de la Peña a Antonio García Sánchez-Blanco en 1931.

Plaza de la Marina

Plaza de la Marina. Viviendas Andreu


Todas las transformaciones urbanísticas de la segunda mitad del siglo XIX coincidieron cronológicamente con el desarrollo de la sociedad burguesa que, siempre con las limitaciones de una localidad de las características de la que nos ocupa, fue imponiendo sus modos de vida y sus gustos. Así, nacieron importantes asociaciones recreativas, aparecieron las primeras publicaciones periódicas, se renovaron los locales comerciales, se embellecieron las fachadas de las casas de vecindad y se revalorizaron los espacios comunes como lugares de paseo y encuentro […] Zamora fue rompiendo el corsé que suponían las vetustas murallas medievales y comenzó la expansión extramuros […] el Ayuntamiento consolidó el Paseo de la Glorieta, algunos miembros de la clase media construyeron viviendas unifamiliares en josas de su propiedad y, como símbolo de un proceso imparable, el Instituto Claudio Moyano (1901) fue erigido en el extremo oriental del citado parque […] Fue entre las antiguas carreteras de Valladolid y de la estación, hoy avenidas de Federico Requejo y Víctor Gallego, donde la clase acomodada fijó su residencia. (Álvaro Ávila de la Torre, Arquitectura y urbanismo en Zamora (1850-1950), 2009)

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